septiembre 25, 2009

Las madres tienen Voz y dicen...

QUEREMOS QUE NUESTROS HIJOS SEAN PATRIOTAS



Esta mañana fue la jura de la Bandera de los jóvenes de nuestra Patria.

Cuántos jóvenes han besado la Bandera hoy, sin saber toda la magnífica historia de ecuatorianidad que encierra.

Esa historia empieza el 16 de enero de 1599, cuando la Virgen María se aparece como la Madre del Buen Suceso a la monja española Sor Mariana de Jesús Torres en el Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito y le anuncia:

“Dentro de poco tiempo dejará de ser Colonia y será república libre, la patria en que vives: el ya entonces Ecuador necesitará almas heroicas para sostenerse a través de tantas calamidades públicas y privadas… En el siglo XIX vivirá un presidente de veras cristiano, varón de carácter, a quien Dios Nuestro Señor le dará la palma del martirio en la plaza en cuyo sitio está este mi Convento; él consagrará la república al Divino Corazón de mi amantísimo Hijo y esta consagración sostendrá la Religión Católica en los años posteriores que serán aciagos para la Iglesia; en esos años en que la masonería, esa maldita secta, se apodere del Gobierno civil, vendrá cruel persecución a todas las Comunidades Religiosas…”

Esta revelación de Nuestra Madre del Buen Suceso, se complementa con la revelación del Niño Jesús en el monte Pichincha, en 1628, a la misma Sor Mariana.  Nuestra Madre del Buen Suceso se apareció con Jesús bebé en sus brazos y le dijo:

 "Levanta ahora la vista y mira hacia el cerro de Pichincha, donde será crucificado este Divino Infante que traigo en mis brazos. Lo entrego a la Cruz a fin de que Él dé siempre buenos sucesos a esta República, la que será muy feliz cuando en toda su extensión me conozcan y me honren bajo esta advocación..."

Enseguida, los tres Arcángeles tomaron al Divino Niño de los brazos de su Madre y lo condujeron al monte Pichincha. En el trayecto el Niño Jesús “creció” y al llegar al monte, parecía tener la edad de doce a quince años.  Él se prosternó en tierra, con los brazos en Cruz y oró, diciendo:

"Padre mío y Dios eterno, considerad benigno esta pequeña porción de tierra que hoy me dais, para que reine en ella, como Señor absoluto, mi amoroso y tierno Corazón y el de mi Madre Santísima, criatura tan pura y bella cual no hay otra.  En este lugar se dará la libertad a la República nueva, y mi Corazón infantil se ensancha de infinita ternura al mirar cuántos héroes perderán la vida temporal.  Benditos sean mil veces por sus heroicos sacrificios, serán sus almas recibidas en el Cielo para que gocen el premio de sus esfuerzos.
Es por esto que quiero orar en este monte como oré en Getsemaní, pidiéndoos para Mí todas las almas que poblaren estas tierras, librándolas de la ira diabólica que tanto las amenaza."

Todo el cerro, después, se envolvió de una luz celestial. El Niño Jesús, levantándose de la tierra, encontró delante de Sí, una Cruz de madera, lisa y achatada, no redonda, con la inscripción INRI en lo alto.  El Niño Jesús se aproximó a la Cruz, fijándose a Ella sin clavos, y por las rosadas mejillas corrieron gruesas lágrimas que fueron recogidas luego por los Arcángeles San Miguel y San Rafael, que las aspergearon en toda la nueva nación.

Su mirada, desde la Cruz, abarcaba toda la nueva patria... y sollozando repetía las siguientes palabras:

"No puedo hacer más por ti, para demostrarte mi Amor. Almas ingratas, no me paguéis con desprecio, sacrilegios y blasfemias, tanto Amor y Delicadeza de Mi Corazón... Vuestra humilde, secreta y silenciosa oración, juntamente con vuestra penitencia voluntaria, la salvará de la destrucción a donde la conducen sus hijos ingratos, pues éstos, humillando y despreciando a los buenos, exaltarán y alabarán a los malos advenedizos satélites de satanás".

Aquí está ya la Historia del Ecuador, escrita por el Cielo dos siglos antes de que ocurran los hechos profetizados. 

Las historias de las naciones siempre se dan por Voluntad o permiso divino.  Pero… ¿qué otra nación se puede gloriar de que su nombre haya sido revelado en forma tan directa por el cielo?  ¿Y de que el Padre le entregue a Jesús su territorio patrio? ¿Y de que Jesús se crucifique por ella en un monte, llore por ella, y le diga que la ama?

Todo se cumplió: la batalla del Pichincha, cuyos heroes los miró con ternura Jesús en el mismo monte, la independencia, la república libre, el nombre de Ecuador, y el advenimiento del “Presidente de veras cristiano”: Gabriel García Moreno.  Sobre él la profecía no puede ser más exacta: cristiano, varón de carácter, consagró la República al Sagrado Corazón de Jesús en 1874, y murió asesinado en 1875, mártir de la fe, asesinado por “la masonería, la maldita secta”, como le dice la Virgen, en la Plaza Grande, al pie de Carondelet.

No nos debe sorprender que después de su asesinato la masonería, empezando por uno de los asesinos de García Moreno: Roberto Andrade, se haya dedicado a difamar la memoria del Presidente mártir, pero… ¿a quién le vamos a creer los ecuatorianos, a la Virgen o a la masonería?

Bien, siguiendo con la Bandera nacional, fue precisamente García Moreno quien el día 26 de septiembre de 1860, decretó oficialmente el Tricolor de la Gran Colombia: amarillo-azul-rojo, como el emblema patrio.  Y el día de la Consagración del Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús, el 25 de marzo de 1874, era este pabellón el que ondeaba rutilante en la Catedral de Quito, frente al clero, los magistrados y el pueblo.

Durante la jura de la bandera de los chicos, sonó el Himno Nacional.  Los himnos patrios suelen ser proféticos, lo dice un místico famoso, y el nuestro definitivamente lo es.

Cabe anotar que el Himno del Ecuador fue creado durante la primera presidencia de García Moreno:  la letra fue escrita por su gran colaborador y admirador, Juan León Mera, quien a su muerte escribió: “Quien honra a García Moreno, honra a la Patria que fue su madre”.  Y la música fue escrita por el compositor francés Antonio Neumane en 1869, a quien García Moreno posteriormente, en 1870, designó director del Conservatorio Nacional de Quito, recién fundado por él.  El Himno Nacional del Ecuador fue estrenado oficialmente el 10 de agosto de 1870 en la Plaza Grande, allí mismo donde García Moreno sería asesinado 5 años después.

Veamos algunas frases proféticas del Himno Nacional:

“Salve oh Patria, mil veces, ¡oh Patria!”… Y Jesús dijo, refiriéndose a los héroes del Pichincha: ”Benditos sean mil veces por sus heroicos sacrificios”.

“Gloria a Ti”… ¡La gloria de ser una pequeña porción de tierra donde reinan como señores absolutos los Corazones de Jesús y María, y que además fue la primera en el mundo en consagrarse a Ellos!

“Ya tu pecho rebosa gozo y paz”… ¡El gozo y la paz sólo vienen de Dios!

“Los primeros, los hijos del suelo, que soberbio el Pichincha decora, te aclamaron por siempre, Señora, y vertieron su sangre por ti. Dios miró y aceptó el holocausto…” Jesús en el monte Pichincha ya había mirado y aceptado con ternura su holocausto.

“…y esa sangre fue germen fecundo, de otros héroes que atónito el mundo, vio en tu torno a millares surgir”.   Otros héroes: primero García Moreno, en 1875; luego el Arzobispo de la Consagración del Ecuador, Monseñor José Antonio Checa y Barba, envenenado por la masonería el viernes santo de 1876… “A millares”, dice el profético himno.  Esos héroes son los que aún están por venir y el Ecuador está esperando…

Mientras los chicos, solemnes y elegantes con sus ternos, entre ellos mi hijo, juraban la bandera, yo me preguntaba si en sus corazones latía algún sentimiento patrio… ¿quién sabe?   Estas cosas tan grandes de nuestra historia lamentablemente no nos enseñan en el colegio… tenemos que descubrirlas solos, abriéndonos paso entre la cizaña sembrada por la masonería.

Tal vez por eso, cuando esta mañana unas pequeñas lagrimitas de ecuatoriana emoción se deslizaron de mis ojos, nadie debió entender a qué se debían…

Triz
24 de septiembre de 2009

"Sólo bajo los corazones de Jesús y de María, sólo bajo la Cruz, Ecuador será Ecuador y los ecuatorianos verdaderamente ecuatorianos."

Gabriel García Moreno






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